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lunes, 16 de febrero de 2015

¿Por qué Tex Hardigan?

Ha pasado ya más de un año desde que empezara a escribir las andanzas de un antihéroe más particular de lo que pudiera parecer a simple vista. ¿Un tipo rudo y musculoso que resuelve sus problemas mediante el uso de la fuerza bruta? ¿Qué tiene eso de particular? Quien haya pensado esto, al menos a priori, tiene toda la razón. Sin embargo, ya que la cosa va de tópicos, me sacaré uno de la manga que me gusta bastante poco, como todos los demás, pero que se adapta bastante bien a la situación: "no conviene juzgar un libro por su portada". Y no es que tenga nada en contra del fenomenal trabajo de Aythami, al contrario. Desperdicié demasiadas horas de trabajo tratando de pintar una portada digna, en las cuales hubiera podido cocinar para toda la semana, escribir una docena de relatos o repintar de una vez la verja. Me refiero a que, en ocasiones, hay algo más debajo de las apariencias.
Así que es eso, diréis. Alguien que ha escrito una aventurilla de acción sin pretensiones y que trata de venderla como una obra existencialista con trasfondo de crítica social. Ahora es cuando empezáis a sospechar. Luego vendrá la lectura en diagonal y después cerraréis esta página. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, y lo cierto es que no confío demasiado en las cualidades publicitarias de un blog personal (de hecho, este lo tengo muerto de risa desde hace más de un año). Sin embargo, ni Tex Hardigan es el héroe infalible de los tebeos de Flash Gordon, ni su historia es tan fantástica como podría parecer, a juzgar por los efectos especiales. 

Primer intento de portada con acrílicos
En primer lugar, se trata de un tipo que trata de ganarse la vida de una forma un tanto extravagante, con el wrestling (lucha libre americana o pressing catch, como se suele llamar por aquí). Una forma de vida que nace de una fantasía infantil, el deseo de convertirse en un personaje más grande que la vida y alcanzar la gloria eterna (junto con coches, chicas, casas con piscina...). Tex es un adulto que se ha dado cuenta de que todo eso no existe o, simplemente, no compensa el modo de vida que ha elegido llevar. El problema es que, a esas alturas de su vida, es ya demasiado tarde para cambiarlo por otro. 
En el momento en que es "abducido" (a falta de un término mejor) a Mundo Guerra para luchar por
su vida en una especie de reality show intergaláctico, ya está de vuelta de todo. Eso es un dato fundamental para entender al personaje y las decisiones que tomará, en las que primará su conveniencia o bienestar inmediato por encima de las demás consideraciones. ¿O no? ¿Hay lugar en el corazón de Tex para cambiar? ¿Para preocuparse sinceramente por los demás y anteponer sus necesidades a las propias? ¿Tiene sentido la solidaridad en Mundo Guerra, donde un mal movimiento puede abocarte a la muerte y al olvido?
Todos estos interrogantes se irán desvelando a medida que avance la narración, más en la segunda entrega que en la primera. De hecho, la segunda parte tiene mucho más de todo: más intriga, más acción, más dilemas morales, más sexo descarnado... En definitiva, más Pulpture.

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