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sábado, 28 de febrero de 2015

Todos los caminos llevan a Ánima Barda

Esta es una entrada que escribo más para mí mismo que otra cosa. En ocasiones, es importante recordar por qué hacemos lo que hacemos y, de paso, de dónde venimos. Han pasado casi dos años desde que me encontré con Ánima Barda por casualidad y desde entonces han pasado tantas cosas que resulta fácil perderse en los intrincados caminos de la memoria. Por eso creo que es importante hacer un alto en el camino y echar la vista atrás. Es posible que más de uno (o una, que no se me enfade nadie) se sienta identificado con mi caso y saque alguna utilidad.
A veces se encuentra uno por ahí, en el proceloso bosque de las redes sociales y la blogosfera, actualizaciones de estado pesimistas por parte de escritores noveles y no tan noveles. Se quejan, con razón, de que el público ya no lee como antes, que prefieren la televisión o los jueguecitos del teléfono móvil. Que las editoriales no se mojan por los autores que no son conocidos, sin leerse sus manuscritos siquiera. Que se publican pestiños tan solo por ser de tal o cual presentador/a de televisión, o de una famosilla de tercera fila. Todo esto se puede entender, pero la pregunta es: ¿por qué seguir escribiendo, sabiendo todo esto?
Todos tenemos claro por qué empezamos en esto, al menos creo que es así en la mayor parte de los casos. Nos gusta contar historias y además, nos gusta que nos lean. Unos dirán que escriben porque no pueden dejar de hacerlo, que es como una especie de droga. Que sufren mientras ponen letras sobre el papel, que nunca están satisfechos del todo con lo que escriben. Otros están tan seguros de la calidad incuestionable de sus historias que no aceptan las críticas que les hacen los sufridos lectores de sus manuscritos. Si tan buenas son tus historias, ¿por qué nadie está interesado en leerlas, Heningway? A continuación contaré mi (breve) experiencia, prometo no enrollarme demasiado.

Entre el año 2009 y 2010 pasó algo inesperado en mi vida que me hizo replantearme muchas cosas. Necesitaba un nuevo reto. Por ello decidí retomar mi vieja afición por la literatura, principalmente de ciencia ficción. Leí algunas obras de esas que enseñan a escribir novelas y, ni corto ni perezoso, empecé la mía. Nada de relatos, microrrelatos o ejercicios de estilo. Una novela de más de doscientas páginas. En su día me pareció un bombazo en potencia, algo que haría que las editoriales se volvieran locas por publicar. Conseguí que en Random House lo llegaran a valorar, por pura suerte más que nada, y  como no podía ser de otra manera, fue rechazado. También hubo respuestas positivas por parte de editoriales que me pedían dinero por publicarla (con una revisión en la que ellos mismos me ayudarían, o, si así lo prefería, sin tocar ni una sola coma). Por fortuna, mi inconsciente ego del principiante no era tan desmedido como para nublar mi sentido común, y no acepté. Dos años más tarde volví a leer el manuscrito y me di cuenta de que era un montón de basura. Sin excusas ni paliativos: BASURA.

Tras una breve temporada sin escribir nada, considerando que si no lo había conseguido a la primera no valía la pena el esfuerzo de seguir intentándolo, encontré una convocatoria de relatos de ciencia ficción. Lo organizaba una nueva editorial digital. Escribí el relato llamado Principe Pío en una tarde, del tirón. Trataba de una fugitiva de una colonia planetaria que encontraba un terrorífico final en uno de esos giros propios de los comics de E.C. Nada del otro mundo, pero tenía su gracia. Puse grandes esperanzas en el relato, convencido de que pasaría el corte para integrar la antología digital. Seis meses más tarde, salió el resultado del certamen: mi relato no estaba entre los diez seleccionados. Se habían presentado más de doscientos concursantes y el fallo se retrasó más de lo previsto. Decepcionado, busqué en Google una posible salida para el relato y di por casualidad con la web de Ánima Barda. Publicaban una revista digital de relatos y además eran los únicos. Lo más parecido que encontré fue AXXÓN, en Argentina. Recuerdo que leí el “quiénes somos” y aquello supuso una verdadera revelación. Comprendí que lo que a mí me interesaba escribir no era la ciencia ficción dura de Asimov, Clarke y compañía. Por eso mi relato no encajaba en la convocatoria de aquella editorial; lo mío era distinto. Tal vez ahora la cosa sería diferente.
Descargué el último ejemplar de la revista para hacerme una idea de lo que estaban publicando y lo que leí me dejó un poco descorazonado. Era un relato escogido al azar y estaba protagonizado por dos toxicómanos bastante asquerosillos, que se pasaban todo el tiempo hablando de tacos, cosas escatológicas y de violencia gratuita. Dos años más tarde, recordando esto con Jorge Plana y Cris Miguel, nos echamos unas risas. Resulta que ese relato en cuestión había sembrado la discordia en la redacción, generando un río de e-mails entre el autor y los editores, que no estaban conformes con varios aspectos del mismo. Sin duda, como primera toma de contacto con la revista dejaba mucho que desear. Sin embargo, sirvió para animarme a enviarles mi relato. ¡En comparación, Príncipe Pío lucía como una auténtica obra de arte!
Para mi sorpresa, la respuesta de Cris Miguel no se hizo esperar y me contestó que aceptaban el relato para el siguiente número. Animado por este pequeño éxito (pero a la postre, de gran importancia), retomé este olvidado blog, que había abierto para promocionar mi fallido aborto literario del pasado. No, no busquéis las infames entradas en el historial, porque me deshice de ellas hace tiempo. Cuando uno está empezando, tiene la sensación de que los editores recorren la blogosfera en busca de nuevos talentos. Ja, ja, ja. Empecé un serial al más puro estilo pulp, con la primera aventura del Doctor Dröm, y recibí un segundo e-mail de Cris, esta vez pidiéndome otro relato para el nuevo número de la revista que estaban preparando. Me resulta difícil describir la sensación que me causó aquel mensaje, pero me puse a ello con entusiasmo. La guinda del pastel llegó algo después, cuando saltó la noticia de que el siguiente número tendría versión impresa. Como me ha ocurrido más de una vez a lo largo de mi vida, había llegado al sitio adecuado en el momento justo.
Ni corto ni perezoso, me planté en Madrid desde Alicante para la presentación un día de marzo de 2013, sin importarme que la noche anterior la había pasado trabajando y no tenía tiempo de dormir antes de coger el tren. Recuerdo que era poco después de carnaval y tenía en Facebook unas fotos disfrazado de Batman junto a mis hijos. Jorge las había visto y no se cortó un pelo a la hora de sugerirme que me llevara el disfraz, “por si acaso”. Creo que él no las tenía todas consigo acerca de si finalmente le haría caso, al fin y al cabo por aquel entonces solo habíamos intercambiado unos pocos e-mails. Llegué a preguntarle si estaba seguro de que era una buena idea. Después de aparecer con esa pinta, ¿quién iba a tomarme en serio? Su respuesta no pudo ser más natural: “Creo que dará una imagen cercana. A la gente le gustará”. Una frase inocente que encierra una gran verdad. Ya hay bastantes escritores noveles que se toman a sí mismos demasiado en serio. Olvídate de buscar la cita célebre, relájate y disfruta. Si te lo pasas bien con lo que haces, ya sea escribir o cualquier otra cosa, es más fácil que se lo hagas pasar bien a los que te lean. Si eres escritor novel y lees esto, recuérdalo siempre. Y, sí, me vestí de Batman, hice el payaso un rato y me lo pasé de miedo con mis nuevos amigos.

A partir de ahí, empezó una colaboración muy provechosa que no hace más que ir en aumento, tanto en cantidad como en calidad. He visto crecer y madurar al Círculo Pulpture, que es como nos gusta llamarnos al grupo de escritores que orbitan alrededor de los cimientos de Ánima Barda. He participado en el proceso creativo no solo de mis propias obras, sino también en el de las de otros autores. Y puedo afirmar que sé por qué sigo escribiendo: me quedan muchas historias por contar. Esto no ha hecho más que empezar.

Gracias, Jorge Plana. Gracias, Cris Miguel. También a Felipe Orce, Eleazar Herrera, Ana Nieto, Rubén Fonseca, Diego Fernández, Juan Jiménez, Cano Farragute y los demás. Y, cómo no, a vosotros que nos leéis. Sin vuestra presencia, nada de esto tendría sentido. Este es el comienzo de una larga y maravillosa travesía.

3 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Ignacio. A ver si me pongo un día a escribir historias de los años de playa.

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  2. : )

    ¡El Círculo Pulpture dominará el mundo!

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